Hoy he ido a la peluquería más veterana del pueblo. El peluquero dueño hace tiempo que podría haberse jubilado. Mientras espero turno, observo su manera de trabajar Está cortando el pelo a alguien tan mayor como él. Sus movimientos son lentos, precisos, mínimo esfuerzo, ningún gesto sobrante. Trabaja con mimo, totalmente concentrado. Apenas cambia cuatro palabras con su cliente. Con total calma va cortando, cepillando, dando forma a una cabellera bastante despoblada Entretanto otro peluquero más joven termina con su cliente e informa a un recién llegado que tiene por delante varios niños. Efectivamente, hay tres niños esperando, jugando cartas en una mesita baja, discretos, sin levantar la voz ni un momento. Cuando toca el turno al primer niño el juego se interrumpe. El niño, unos ocho años, sube al sillón ya preparado con una silla adaptada a su talla La toalla le envuelve, su cabeza asoma, su cara refleja el abandono, el dejar hacer que nos invade en la peluquería, está en manos del peluquero, que sin piedad aunque cuidadosamente entra a saco en su cabellera, cortando, desbrozando, allanando. El peluquero veterano ha terminado con su cliente, bromea diciendo que no es posible hacer más, dada la escasez de cabello. Llega mi turno, realmente prefería ponerme en sus manos. Me propone un corte discreto, acepto. Como el niño, estoy en sus manos, envuelto en una toalla, sin gafas, sus manos revolotean lentamente blandiendo una maquinilla eléctrica, veo mechones cayendo sobre la toalla, a veces hasta el suelo Se va desplazando a medida que lo exige su tarea. Percibo su calma, su saber hacer, su tacto leve, sus movimientos precisos. Lentamente su trabajo progresa. El segundo niño ya está en su sillón, también él, de unos seis años, ha de dejar sus gafas, doblemente indefenso. Ahora llega el turno de la navaja. Unas aplicaciones de jabón por el contorno de las orejas alrededores del cogote, recorta con suavidad y precisión esa tierra de nadie capilar donde el cabello es escaso y crece con aire de descuido. Pronto termina conmigo. Prometo volver...